Qué no puede un hombre enamorado. Camina por la calle pero siente que levita, lleva el cuerpo de su amada en fragmentos tras todos los olores y visiones del camino. La despierta en el tacto de todas las cosas, en un no sé qué del roce de sus dedos en el bolsillo. Hay un calor inusual en su voz que abriga a todas las criaturas con la misma admiración y dulzura que ella le despierta.

El hombre enamorado cuando entra por la puerta de su casa se derrama, es una avalancha de lava que al ritmo de la música de Miles Davis la busca por los corredores. Para él su cintura es el axis mundi y sus ojos el mayor centro de gravedad. Magnetizados volatizan sus partículas. El aire a su alrededor se reacomoda en alas batientes, son transportados al viaje en el tiempo de la eternidad.

Qué no puede una mujer enamorada. Sale al jardín y todas las flores la visten, es acariciada por el viento y ella se hace un poco viento también. Sus pensamientos vuelan de su corazón a otros corazones. Tiene una calma, una certeza un refugio: la espalda de él se le hace una montaña de fuerza y su cabellera el tesoro más acariciable. Al ritmo del jazz sus pasos son las notas que como escaleras los elevan a ambos hacia un baile en el tejado bajo las estrellas.

Una mujer y un hombre enamorados aman el infinito luego se encuentran.

Rosa-oso

@rosaoso33

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